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(24/11/1991 - 24/11/2016)

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Viernes, 23 de Abril de 2010 14:20

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¿CUANTAS VECES TE HAS PARADO A MIRAR LA VEGA DE CARMONA?

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Carmona fue en la antigüedad uno de los principales enclaves poblacionales del Bajo Guadalquivir. Su importancia histórica se explica por las características del medio en que se asienta. Plaza fuerte natural, la ciudad controla desde su posición estratégica las principales vías de comunicación del valle del Guadalquivir y los tres paisajes que constituyen sus fuentes de recursos: Los Alcores, La Vega y Las Terrazas.

Los Alcores son una formación terciaria de estructura triangular, que discurre en dirección noreste-suroeste entre las poblaciones de Carmona y Alcalá de Guadaira, alcanzando en la primera de ellas su máxima elevación (257 mts.) y menor anchura (2 kms.) Esta formación aparece delimitada por su lado norte por los depósitos aluviales del Guadalquivir que forman las terrazas, por la llanura aluvial del Corbones, al Este, por la Vega, al Sur y por el Guadaira, al Oeste. Las distintas capas geológicas que componen Los Alcores constituyen una importante fuente de recursos de materias primas. En la base de esta formación se encuentran margas azules y grises que se han utilizado tradicionalmente para la fabricación de adobes y en alfarería. En la superficie, afloran las calcarenitas que determinan la configuración física y estructural de esta región; son calizas detríticas que se presentan como un conglomerado de restos fósiles muy fragmentados unidos con cemento calcáreo. La porosidad de esta roca permite la filtración de las aguas creando un manto freático importante cuya profundidad y espesor varían según la zonas. En Carmona el acuífero se encuentra entre 10 y 15 metros de profundidad y tiene un espesor inferior a los 10 metros. Las calcarenitas se han explotado siempre como canteras para materiales de construcción, tanto piedra como tierra -albero- para pavimentos.

La descomposición de las calcarenitas da suelos de escasa profundidad, fácilmente erosionables y de productividad moderada. Actualmente la vegetación espontánea - encinas, acebuches y matorrales - ha sido substituida en gran parte por cultivos de agrios, de olivar y de labor intensiva, sobre todo, pero parte del territorio está destinado también a pastizales para alimentación de la cabaña ganadera.

La Vega de Carmona es una llanura limitada por los ríos Corbones, al NE y Guadaira, al SO, formada por suelos vérticos desarrollados sobre arcillas que se cuartean al resecarse en épocas áridas y se esponjan en las húmedas. El acebuche constituye la vegetación clímax, pero prácticamente ha desaparecido a causa de la intensa explotación agrícola a que ha sido sometido este paisaje. Más del 80% de sus tierras se dedican hoy en día a cultivos de secano, sobre todo trigo y girasol.

Las Terrazas se escalonan a lo largo de unos 20 kms. entre las colinas de Los Alcores y las orillas del Guadalquivir en su confluencia con el Corbones. La capacidad agrícola de los suelos en esta región es muy baja, por lo cual resulta poco rentable su utilización para el cultivo de cereales y por ello se han dedicado principalmente a olivar, aunque aprovechando los canales de riego del Guadalquivir se dan también cultivos herbáceos.

La disponibilidad de agua, que brota en distintos puntos y de pastizales en los tres paisajes citados, hacen de Los Alcores una región con buenas condiciones para el desarrollo de la ganadería.

Junto a la abundancia de recursos naturales hay que valorar también las ventajas de la situación de la ciudad en relación con las vías de comunicación del valle. El Guadalquivir vertebra sin duda todo el territorio. Discurre hoy a unos 15 kms. al NE. de Carmona; en la antigüedad distintos caminos facilitaban la relación entre la ciudad y el río. Algunos investigadores aceptan que el Corbones, que fluye por la Vega al Este de la población, podría remontarse desde su confluencia con el Guadalquivir hasta el lugar conocido como Villar Tesoro, y posiblemente, hasta muy cerca de Carmona. El Port(us) Carmo(nensis), documentado en un ánfora del Testaccio, se ha localizado normalmente en Guadajoz, a 14 kms. de Carmona, pero podría estar emplazado sobre el Corbones.

Además, la población se levanta junto a la principal vía de comunicación interior de la región, que discurre entre Cádiz y Castulo, sin duda un camino cuyo origen remonta, al menos, a principios del I Milenio a.C., cuando se configura la que con el tiempo se consolida como red viaria básica de la región . La Vía Augusta sigue el trazado de este camino antiguo que en parte se perpetúa hasta hoy en algunos tramos de la Nacional IV. En época romana la vía entraba en Carmona por el camino del Quemadero - hoy Calle de Jorge Bonsor -, salvando en línea recta el reborde del Alcor. Atravesaba el cementerio y el arrabal y entraba en la ciudad por la Puerta de Sevilla hasta la de Córdoba, por donde volvía a salir en dirección a Écija. Antes de cruzar el Genil, este camino confluía con los que, arrancando desde el Estrecho y Malaca, llevaban igualmente a la capital cordobesa, pero a la vez, comunicaban con Hispalis a través de la campiña y con Los Alcores por un camino que sigue el curso del Corbones desde su cabecera. Caminos secundarios facilitaban la comunicación de Carmona con las poblaciones situadas al otro lado del Guadalquivir y con los restantes asentamientos de Los Alcores.

Carmona se erige en el extremo nororiental de los Alcores, donde éstos tienen su máxima altura. Se localiza sobre una meseta polilobulada delimitada al Este, Norte y Sur por un corte abrupto con valores de pendiente que oscilan entre el 50% y la vertical, mientras que por el lado occidental la pendiente es más suave y, por tanto, es el lugar más vulnerable del yacimiento. Al interior, la meseta asciende suavemente en sentido Oeste-Este, partiendo de 218 ms. en la Puerta de Sevilla y culminando en el Alcázar de Arriba a 257 ms sobre el nivel del mar.

La superficie del casco histórico presenta un relieve condicionado por cinco elevaciones, cuyas confluencias de vertientes marcan los pasos practicables para el acceso de la ciudad, y dos profundas vaguada que han ejercido históricamente el papel de colectores de la meseta.

La elevación más alta se corresponde con la ubicación del Alcázar del rey D. Pedro, situada al Este de la ciudad y que alcanza una cota máxima de 257 ms. Al Noreste y a modo de espolón aislado se erige una meseta que en tiempos estuvo ocupada por el Alcázar de la Reina y que culmina a 233 ms. Estas dos elevaciones enmarcan un estrecho paso defendido por la Puerta de Córdoba.

Al Sureste de la ciudad se alza el Mirador a 246 ms. Su vertiente oriental confluye con la del Alcázar de Arriba en el lugar donde se situaba la Puerta de Marchena, mientras que a occidente delimitaba junto al Picacho el acceso de San Mateo.

El Picacho, al Sur, es la segunda elevación de la meseta con valores que alcanzan los 247 ms. Su forma triangular está delimitada en sus costados por cortes verticales mientras su vertiente interior desciende suavemente hasta desaguar en San Bartolomé, formando así, junto a la elevación de Torre del Oro, la depresión en la que se sitúa el complejo defensivo del Alcázar y Puerta de Sevilla.

La última de las colinas se localiza en el lado oeste y tiene su cumbre en la confluencia de las calles Torre del Oro y José Arpa con 239 ms. sobre el nivel del mar.

Las vertientes interiores de estas elevaciones determinan la existencia de dos vaguadas que drenan la meseta. Una que vierte al Norte, el Albollón, y la otra, San Bartolomé, que lo hace al Suroeste. Ambas forman la depresión por la que actualmente discurre el eje vertebrador de la ciudad histórica entre la Puerta de Sevilla y la de Córdoba.

Las características generales de la topografía actual del yacimiento nos van a servir de partida para la reconstrucción de la configuración física originaria y su evolución, basándonos en los datos obtenidos en las intervenciones arqueológicas. Las principales transformaciones, junto al aumento de cotas más o menos intenso debido a la generación de depósitos por las actividades humanas de habitación, se pueden concretar en la colmatación intencionada de las depresiones internas de la meseta. Así hoy sabemos que las depresiones del Albollón y la de San Bartolomé estaban prácticamente unidas, con la divisoria de aguas a mediados de la calle Prim, y separaban el yacimiento en dos zonas. Su colmatación se hace evidente a partir del siglo I d.C. en la que ambas se habían convertido en vertederos programados. La otra área de actuación se centró en las dos depresiones que, actualmente colmatadas, delimitan el flanco occidental del casco histórico, y que originariamente tenían pendientes más acusadas. Esta colmatación estaba evidentemente planificada para facilitar el acceso por la Puerta de Sevilla una vez que las razones defensivas habían perdido peso, por lo que debió iniciarse ya en época moderna.

Junto al fenómeno debido a la mano del hombre que provoca la suavización del relieve interno de la meseta y al deseo de ganar terreno colmatando las vaguada, hay que tener presente el proceso de signo contrario que afecta al perímetro de la ciudad. El perfil abrupto que la meseta presenta en su contorno, junto a las propiedades mecánicas del substrato geológico han provocado una continua erosión y desprendimientos que han ido restando superficie al yacimiento, lo que se traduce además en una pérdida de información arqueológica. La intensidad de este fenómeno es difícil de cuantificar, aunque puede servirnos de indicador el hecho de que gran parte de la cerca defensiva medieval y la práctica totalidad de la romana hayan desaparecido.

 

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