

Cuenta la leyenda que el día que JFK apareció en su discurso de investidura sin el característico y protocolario sombrero de copa, las ventas de sombreros cayeron en picado.
Durante generaciones, la condición social de un hombre, incluso su masculinidad, se definía por el sombrero que llevaba. Pero en los 60, con la llegada del estilo casual wear impuesto por esa realeza americana que son y serán los Kennedy, el sombrero pasó a segundo plano, siendo sólo usado en ocasiones deportivas o en grandes galas.
Pero, al igual que pasa en las mujeres, los sombreros han vuelto para quedarse. Por eso se impone un pequeño repaso por los más representativos, y una serie de ideas, que no consejos:
Fedora hat: Un clásico que nunca desaparece, y que incluso está más de moda que nunca. El Fedora, o borsalino (una de las marcas de sombrero Fedora), está fabricado en fieltro suave, de color gris o negro, con una cinta anudada. Es el más versátil, con traje y corbata, con chaleco y vaqueros, o incluso en su versión veraniega, con camiseta y pantalones cortos, nunca desentona.
Hay quien ha hecho de este sombrero su seña de identidad Driving cap: El típico modelo inglés que en los últimos tiempos ha sido tomado por hip-hoperos. El mejor, en lana o pana, aunque en piel, también luce fantásticamente bien.





















